Es el camino el arriesgado, y somos todos los aturdidos, es el progreso el que nos pudre, que nos pone como meta implícita aprender a respirar, equilibrar, trascender lo vivido, los árboles, los edificios, la ciudad, aprender a agarrarle la mano al otro, abrir los ojos, mirar hacia adelante y para adelante siempre caminar, pero es el camino el arriesgado, el que nos pone como tapujo la existencia entre miles, que nos obliga a querer dejar de ser miles, el odio a los miles, el repudio a la muchedumbre, es el camino atragantado el que nos obliga a avanzar, a codazos, o a cariños fugaces, pero avanzar,.. de alguna forma hemos aprendido que avanzar y vivir significa defenderse, de lo que sea, a veces hasta de nosotros mismos, ese nosotros que hoy en día es el peor desconocido que se viste de etiquetas y disfraces, nos defendemos de las caretas, nos ponemos las caretas de las cuales nos defendemos, defendemos esas caretas ante los otros, y a la hora de dormir y ver morir las ganas y el día nos encontramos con esto, con esta ropa ajena, estas metas truncadas entre lo nuestro y lo de ellos, nos reconocemos en un escenario patético, este que nos obliga a actuar y nos hace parte de un teatro que muchas veces repudiamos, que repudiamos hasta llegar a vivirlo desde la indiferencia, y es así, nuestra propia vida la vivimos en una constante indiferencia.
Y ese es el malestar, la indiferencia, la pasividad ante una actuación que planta ciudades sin nuestro consentimiento, por que estamos revueltos y dormidos entre estos miles de miles que están en las mismas, revueltos y dormidos, nos come el apuro de tener que defendernos, de tener que parecer, ser, dejar, dejar de ser, despedirnos, saludar, ganar, perder, tranzar, seguir, sin mirar. Y entre tanto hay miles y tantos, tantos que culpamos, pero que viven en lo mismo, de formas diferentes, buscando también sus maneras de defenderse ante la sorpresa que es vivir a un ritmo desconocido e ingrato, a un ritmo que se nos hace poco y molesto, aquí no hay pausas que nos desvistan, el teatro nos absorbe en esta guerra de ganar, de ser unos más útiles que los demás para obtener beneficios que no existen, dormidos estamos pero el palpitar va rápido e inquieto en la angustia de saber que la carrera hay que seguirla, en pro de qué? aún no lo sabemos, pero hay que correr a codazos sin descansar..
El descanso en esta ciudad no da respiro alguno, el descanso en esta ciudad camina y camina y camina, tiene ruidos molestos, tiene quehaceres, tiene dinero, tiene trabajo, tiene horarios, el descanso en esta ciudad se viste a la moda y se viste del mismo engaño que nos vestimos nosotros los aturdidos, somos mecánicos y máquinas, destruidos por la necesidad de que el cuento se cante produciendo figuras, colores, gustos, modas, tendencias, somos el grito repetitivo del coro que suena en ese comercial, somos disfraces y máscaras viviendo en la agonía que es dormir desnudos en sueños verdaderos sin poder hacer que esos sueños un día se hagan realidad, somos hombres y mujeres soñando el descanso, el caminar tranquilo, estamos a la espera del silencio, soñando todas las noches con derribar el sonido de los autos, de las fábricas, estamos aquí llenos de gritos desesperados por romper el ruido de sus ruidos, estamos tan cansados de este desorden que nos ordena al gusto del tictac de un reloj desgraciado, estamos tan podridos todos de este tiempo que desvalida la unión y que defiende nuestro lado más ingrato y competitivo, estamos aburridos, estamos hartos de nosotros mismos, de los codazos en la calle, de las miradas hacia abajo, de los odios y las guerras que nos enseñó esta vida que no es vida, estamos cansados de pelear entre nosotros, no tenemos fuerzas para seguir defendiendo nuestras individualidades, no tenemos armas que disparen lejos ni que desarmen los sueños que noche tras noche nos conquistan, no nos queda orgullo para la guerra de todos contra todos, necesitamos más, sentir olores, escuchar palabras, mirarnos, buscar la defensa en lo ajeno, buscar la escapadita en la mano de al lado, entender que la guerra no nos pertenece, que la guerra está contra quienes nos visten de payasos de trapo con sonrisas tejidas sin sentido.
Somos los hombres de los sueños, nuestra vida se ha reducido a vivir defendiéndonos de los otros, y dejar los sueños para las noches, mientras dormimos es cuando nos damos permiso para el sueño, por el día es necesario fingir, decir que los locos son quienes gritan esta necesidad de escape, y nosotros, nosotros tenemos que ser normales, tenemos que caminar, ayudar a hacer ruido en el descanso de los locos, ayudar a que todo funcione por el bien de quiensabequien, esos somos nosotros cuando decimos que los sueños son de quienes duermen, quienes cierran los ojos para intentar descansar, pero por favor, estoy cansada, necesito que los sueños no sean más de las noches que nadie escucha, no quiero que a los hombres de sueños se les llame locos, no quiero que a los locos de sueños y a los que desafían al tiempo se les encierre, no quiero tener que renunciar a la magia de agarrar la mano amiga, dar el beso al otro, descansar cuando se me de la gana y no querer ganarle a nadie.
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