se me vino encima la soledad, y para arrancar empecé por borrar recuerdos que inútiles habitaban aquí,
pintaban mis paredes, cerraban y abrían la puerta del corazón cuando se les daba la gana, instalaban muebles, rechazaban gentes.
y no me dejaban despedir ni saludar.
se me vino encima la soledad que parece creada, y empecé a destruir, a tirar al suelo esos típicos platos trizados que no dejo romper por completo, esos papeles arrugados que no me decido a tirar al olvido, esas frases que no entraron en ningún cuento ni en ninguna carta.
esa carta que no se envió hoy día la rompí para no seguir esperando ojos como destino, declaraciones de amor como efecto.
sí, mis cartas guardadas ya no tienen destino y eso es cruel, por que el futuro no existe, no existirán pilares ni adornos que perturben el presente.
el pasado se fue y tenemos la puta costumbre de llevarlo con nosotros arrastrándolo sin razón hacia algún lugar que aún no sabemos cual es, con alguien imaginario que no conocemos, y contándole historias al futuro que se vencieron en un pasado podrido.
se me vino encima la soledad y la sordera, se me vino encima lo que no quiero que esté y está, lo que no pedí. se me vino encima la soledad y el descuido que me hizo estar sola.
se me vinieron encima las paredes y el techo, la familia y su ausencia, se me vino encima ese hombre que no merezco.
se me vino encima el viajero que me dejó un día y que aún habita en mis ojos, el hombre que me tiene desnuda en un lugar que no existe, se me vino encima el dialogo que invento y el futuro armado que es igualmente inútil que los recuerdos decorados.
se me vino encima la historia, los juicios, la mentira y la hipocresía.
se me vino encima esa extraña ansiedad por que llegue la primavera, se me vino encima esa ansiedad que me bloquea los sentidos y no me deja disfrutar ni el olor ni el color de esta primavera que ya llegó, y que por querer gritarla antes de vivirla me electrocutó dejándome inválida para disfrutar todo regalo que traiga del cielo.
y se acaba la felicidad, se acaba la alegría y me quedo sola con esta inquietud que me aísla y me deja ahí, en esa soledad que hoy día se me vino encima.
se me vinieron encima esos señores que me caen mal y los que me caen bien se alejaron, por que la gente se aleja por que la gente no existe, por que es una ley que de vez en vez, de tempestad en tempestad, la soledad se venga así cayendo en nosotros explotando en la mirada, y eche abajo las paredes, las verdades.
las sinceridades y las bondades.
se me vino encima el papá que no abre los ojos, me pudre todo papá que no abra los ojos, que no me ame que no me admire, que no me grite amor ni presencia, se me vinieron los tíos, los primos, y a veces se me vienen encima los amigos esos que no son amigos, el mar que está lejos y no me deja amar, el hombre que enreda sus piernas con otra, se me viene encima el romance que no fué y no será.
pintaban mis paredes, cerraban y abrían la puerta del corazón cuando se les daba la gana, instalaban muebles, rechazaban gentes.
y no me dejaban despedir ni saludar.
se me vino encima la soledad que parece creada, y empecé a destruir, a tirar al suelo esos típicos platos trizados que no dejo romper por completo, esos papeles arrugados que no me decido a tirar al olvido, esas frases que no entraron en ningún cuento ni en ninguna carta.
esa carta que no se envió hoy día la rompí para no seguir esperando ojos como destino, declaraciones de amor como efecto.
sí, mis cartas guardadas ya no tienen destino y eso es cruel, por que el futuro no existe, no existirán pilares ni adornos que perturben el presente.
el pasado se fue y tenemos la puta costumbre de llevarlo con nosotros arrastrándolo sin razón hacia algún lugar que aún no sabemos cual es, con alguien imaginario que no conocemos, y contándole historias al futuro que se vencieron en un pasado podrido.
se me vino encima la soledad y la sordera, se me vino encima lo que no quiero que esté y está, lo que no pedí. se me vino encima la soledad y el descuido que me hizo estar sola.
se me vinieron encima las paredes y el techo, la familia y su ausencia, se me vino encima ese hombre que no merezco.
se me vino encima el viajero que me dejó un día y que aún habita en mis ojos, el hombre que me tiene desnuda en un lugar que no existe, se me vino encima el dialogo que invento y el futuro armado que es igualmente inútil que los recuerdos decorados.
se me vino encima la historia, los juicios, la mentira y la hipocresía.
se me vino encima esa extraña ansiedad por que llegue la primavera, se me vino encima esa ansiedad que me bloquea los sentidos y no me deja disfrutar ni el olor ni el color de esta primavera que ya llegó, y que por querer gritarla antes de vivirla me electrocutó dejándome inválida para disfrutar todo regalo que traiga del cielo.
y se acaba la felicidad, se acaba la alegría y me quedo sola con esta inquietud que me aísla y me deja ahí, en esa soledad que hoy día se me vino encima.
se me vinieron encima esos señores que me caen mal y los que me caen bien se alejaron, por que la gente se aleja por que la gente no existe, por que es una ley que de vez en vez, de tempestad en tempestad, la soledad se venga así cayendo en nosotros explotando en la mirada, y eche abajo las paredes, las verdades.
las sinceridades y las bondades.
se me vino encima el papá que no abre los ojos, me pudre todo papá que no abra los ojos, que no me ame que no me admire, que no me grite amor ni presencia, se me vinieron los tíos, los primos, y a veces se me vienen encima los amigos esos que no son amigos, el mar que está lejos y no me deja amar, el hombre que enreda sus piernas con otra, se me viene encima el romance que no fué y no será.
y están aquí encima, como un cuento que coincide, caminando en paralelo conmigo, pudriéndome y floresiéndome, condicionando mi vida a ser una eterna espera. como dos pajaritos en secreto que tengo que dejar volar.
murmurando en mi oído lo que tengo que hacer y no hago, lo que ya no hice, lo que debiera y lo que no debiera, en lo que me equivoqué, lo feo lo malo, y designando actuares y confusiones, etiquetando cosas, poniendo nombres, amarrando amores que se escapan, obligando a vivir a un padre que muere.
murmurando en mi oído lo que tengo que hacer y no hago, lo que ya no hice, lo que debiera y lo que no debiera, en lo que me equivoqué, lo feo lo malo, y designando actuares y confusiones, etiquetando cosas, poniendo nombres, amarrando amores que se escapan, obligando a vivir a un padre que muere.
se me vino encima la soledad, esa que traigo en cada amor, por culpa de andar imaginando cosas que no existen, de andar salvando muertes, se me vino encima la soledad, esta que saco a pasear últimamente, esta de la que soy culpable, por no querer soltar, por no querer soltarlos.
por no querer estar sola.
pucha que se me vino arriba la soledad y quedé tirada en el suelo de una casa inexistente que se desarma cuando llega el indicado para contarme que trajo la realidad, que la ingenuidad se acabó, que el sueño terminó, que los pajaritos ya se escaparon por que les abrí las puerta una vez mientras mi mamá me contaba sus historias desatadas, sus heridas, sus causas y sus efectos.
por no querer estar sola.
pucha que se me vino arriba la soledad y quedé tirada en el suelo de una casa inexistente que se desarma cuando llega el indicado para contarme que trajo la realidad, que la ingenuidad se acabó, que el sueño terminó, que los pajaritos ya se escaparon por que les abrí las puerta una vez mientras mi mamá me contaba sus historias desatadas, sus heridas, sus causas y sus efectos.
se me vino encima la soledad por que me caí cuando me di cuenta que seguía esperando un desenlace sin un principio, por que nuevamente me traicioné quedándome pegada en esa estúpida convicción que tengo, de que es mejor vivir imaginando y soñando, inventado magias, por que agotada de tanta realidad preferí enterrar mi cabeza en el amor y una familia de mentira, mucha hipocresía, mientras yo, mientras yo buscaba otra cosa, algo así como un cuento de Cortázar.
se me cayó la soledad del bolsillo sacando sus garras y amarrándome, violandome sin piedad en una inmovilidad que no me dejó arrancar.
por que me dí cuenta que la magia no lo era todo, se me vino encima tanta soledad.
por que faltaba comida, faltaba gas, faltaban doctores, faltaba dinero, me faltaba el padre, sobraban sordos y mudos que no vivían de magia, se me vino encima la soledad por que sobró mentira y sobraron descuidos.
tropecé en el apuro de querer ser feliz mientras los infelices me quitaban aire de tanto ahogo.
y así se me vino encima tanta realidad de la que nunca había querido ser parte.
se me cayó la soledad del bolsillo sacando sus garras y amarrándome, violandome sin piedad en una inmovilidad que no me dejó arrancar.
por que me dí cuenta que la magia no lo era todo, se me vino encima tanta soledad.
por que faltaba comida, faltaba gas, faltaban doctores, faltaba dinero, me faltaba el padre, sobraban sordos y mudos que no vivían de magia, se me vino encima la soledad por que sobró mentira y sobraron descuidos.
tropecé en el apuro de querer ser feliz mientras los infelices me quitaban aire de tanto ahogo.
y así se me vino encima tanta realidad de la que nunca había querido ser parte.
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